ARGENTINA
DIVIDIDA
"...algo extraño esta sucediendo en el mundo de la elevada tecnología: en vez de surgir nuevas naciones, las antiguas se hallan en peligro de disgregación."
"Mientras
la tercera ola avanza pujante sobre la Tierra, la Nación-Estado (la unidad política
fundamental de la segunda ola) está siendo estrujada por tremendas presiones
procedentes desde arriba y desde abajo. Una serie de fuerzas tratan de
transferir el poder político hacia abajo, desde la Nación Estado a regiones y
grupos subnacionales. Las otras tratan de desplazar el poder hacia arriba, desde
la Nación a agencias y organizaciones transnacionales. Juntas están
conduciendo a un fraccionamiento de las naciones...en unidades mas pequeñas y
menos poderosas"
Alvin Toffler
La Regionalización como paso previo a la Argentina dividida.
Un país dividido en cuatro (o más) regiones en donde cada una de ellas concentrará parte de la administración pública, reformulará el planteo de Defensa y hasta fusionará las Universidades, fue analizado en 1996, luego refrescado por el gobernador J. O. Sobisch y es propuesta de campaña del Infame Traidor a la Patria, Carlos S. Menem. La idea de este proyecto es hacer “bajar el abultado gasto público”
El
plan de achique se realizó de manera vertiginosa: se liquidaron áreas
importantísimas del Estado, se privatizaron empresas estratégicas, su personal
fue compulsivamente jubilado o cesanteado e ingresaron por este medio miles de
millones de dólares que se prometía destinar
a Salud, Educación, Seguridad, Justicia y liquidación de la fraudulenta
Deuda Externa (Eterna).
Así
quedó en la calle un poco mas del 30 % de la administración pública nacional.
Pero esto no alcanza, sin dar tiempo al resuello, vino la carga de la brigada
pesada de los ideólogos del ajuste: la Segunda Reforma del Estado. Y
ahora viene la tercera versión de una historia preocupante. Quieren dividir el
país en regiones para que el Estado se desguace aún más, manteniendo una
administración mínima por delegación regional.
Efectivamente, un proyecto de ley destinado a impulsar la Regionalización del País, y ahondar las reformas del Estado, implementadas desde el Ejecutivo Nacional fue presentado en 1996 en el Congreso de la Nación. Mas tarde, fue rescatado por el Gobernador de Neuquén, Jorge Omar Sobisch, quien es actualmente su principal impulsor, al dar los primeros pasos en la fusión de dos provincias, Río Negro y Neuquén.
Hoy,
en la vertiginosa campaña electoral (donde esta democracia se propone
"rescatar" a la Nación de esta aguda crisis), uno de sus candidatos,
el Infame Traidor a la Patria Carlos Saúl Menem apuesta a más y nuevamente
propone (con una caradurez característica) dividir al país en tres o cuatro
regiones.
La
iniciativa instituye la Región como Unidad de organización territorial,
y establece la transferencia de las competencias administrativas y económicas
que le son propias a la administración central, a las nuevas Unidades
territoriales. El principal objetivo es concentrar en cada región las
estructuras administrativas del gobierno central, el cual se desprendería de un
importante porcentaje de su personal y no tendría que afrontar gastos,
presupuestos ni salarios públicos tal como hoy se manejan.
En
este marco, la propuesta impulsada en 1996, por los senadores Carlos Almirón,
Jose Gioja, Daniel Baum, Carlos Manfredotti, Jose Figuerca, José Manuel de la
Sota, Enrique Amudevar, Osvaldo Sala, y Felipe Sapag, proponía dividir el
Territorio Nacional en cuatro regiones, compuestas por las siguientes
provincias:
·
Región
del Norte Grande:
Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Chaco, Formosa,
Corrientes y Misiones, con sede en Santiago del Estero.
·
Región
Central:
La Rioja, San Juan, Entre Ríos, Mendoza, San Luis, Córdoba y Santa Fe, con
sede en San Luis.
·
Región
del Plata:
conformada por la provincia de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires.
·
Región
de la Patagonia:
La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, a cuyo
territorio se sumaría la Antártida Argentina, y las Islas del Atlántico Sur,
con sede en Puerto Madryn.
Este ordenamiento corresponde al proyecto de 1996. (Recordar que hoy se habla de tres grandes regiones con un ordenamiento territorial distinto.)
ver mapa: (haga click sobre la imagen para ampliar)
Características
de la nueva estructura
·
Administración
Pública:
Las regiones carecerían de personal propio y se conformarían con el personal
de los órganos, entes y empresas transferidas desde el Estado.
·
Economía:
Se crearía un Banco de Desarrollo Regional para cada región. Este podría
conformarse con la fusión, transformación o traspaso de las entidades
provinciales ya existentes.
·
Educación:
Las Universidades Nacionales existentes en cada región, se fusionarían en
aquella que posea la mayor cantidad de alumnos. Si bien se facultaría el
desdoblamiento en sedes de las mismas, no podrá existir mas de una facultad por
carrera en el ámbito de cada Universidad por región.
·
Defensa
y Justicia:
En Defensa, se propone una reestructuración que en concordancia con el
Ejecutivo Nacional tienda a suprimir, trasladar o crear modificaciones en ese ámbito.
En
Seguridad, la Policía Federal y la Gendarmería, constituirían una única
delegación o comando regional en la ciudad sede de cada región.
·
Poder
Judicial:
Se modificará la repartición judicial, unificándose las Cámaras Federales de
Apelación existentes en el territorio de cada región, conformándose una única
Cámara Regional. Los actuales jueces, que conforman esas dependencias constituirán
nuevas Salas dependientes de esta nueva conformación.
·
Poder
Legislativo:
La propuesta parlamentaria incluye la creación de una junta de Gobernadores y
una Unidad Ejecutoras Regional, para llevar a cabo la administración de las
nuevas unidades territoriales. Se creará un Estatuto de Regiones, para dar
marco operativo a estos organismos y la creación de las Legislaturas Regionales
conformadas por senadores nacionales, representantes de cada una de las
provincias.
¿Federalismo
o Desintegración?
El
estancamiento (o mas precisamente el retroceso)
no solo acentúo la vulnerabilidad de nuestra economía, trajo de la mano
también, el trauma de una crisis social que produjo fracturas tan profundas que
hoy, para quienes vivieron en la Argentina de los 60 y aun de los 70, les
resulta difícil creer que este sea el mismo país, su país.
Sin
ese “viraje” traumatico motorizado por el cierre masivo de industrias, el
dislocamiento de las economías regionales, el endeudamiento externo, en fin,
por la destrucción de buena parte de lo que se había construido no podría
explicarse buena parte de los desencuentros sucedidos durante las últimas dos décadas.
La
constante represión de las aspiraciones mas legitimas a favor del progreso y el
“inexplicable caso” de un país como la Argentina que, a pesar de su inmensa
riqueza potencial, a pesar de ser productora de alimentos, alberga desnutrición
para los más pobres, en vez de crecer se empobrece aceleradamente, contribuyó,
sin lugar a dudas, a crear el sentimiento generalizado de frustración
colectiva, que esta detrás de los enfrentamientos estériles que dividen a los
argentinos y que, sumados, representan una poderosa fuerza que actúa en
sentido de la desintegración nacional.
Coincidentemente
con la intención de dividir al país y reasignar las estructuras de la
administración, la seguridad, la justicia, la economía y la educación, se
acentúa un panorama de virtual desintegración nacional a nivel económico que
propicia la factibilidad de la iniciativa. Ahora el Estado Nacional “devolvería”
facultades a sus provincias a través de las regiones. Junto con la
posibilidad de una nueva reforma del Estado, cabe preguntarse si la Argentina
tal como hoy se conoce sobrevivirá como proyecto de país integrado.
La
pérdida de identidad
Las
recurrentes crisis debilitaron los lazos económicos internos que son
necesarios para preservar la unidad del país. Esa condición, siempre vigente,
aqui o en cualquier lugar del mundo, hoy es doblemente impensable: a nadie se le
ocurre seriamente que un país pueda campear el “vendaval de la globalización”
sin contar con una economía solidamente integrada en su interior.
El
“nuevo orden mundial”, entre los desafíos que plantea, está el de
someter a prueba la capacidad de un país y de su clase dirigente (banda, en
nuestro caso), por preservar su identidad y hacer valer ante las fuerzas
impulsoras de la globalización (principalmente corporaciones transnacionales y
los organismos que, a veces en forma encubierta, actúan al servicio de sus
objetivos) la capacidad negociadora del Estado Nacional como representante (y
garante) de los intereses del país considerado como un todo.
Federalismo
Una
de las manifestaciones de este proceso se expresa en la crisis instalada en el
Propio Estado. Desde el vértice de la Administración Central hasta el
municipio, pasando por las administraciones provinciales, toda la estructura del
Estado está sujeta a un ajuste de carácter permanente.
Los
recursos no alcanzan para financiar los gastos en el marco de un país que tiene
mas de un tercio de su fuerza laboral paralizada y miles de pequeñas empresas
al borde de la quiebra (o, ya quebradas); y los sucesivos gobiernos, en vez de
reflexionar sobre ese hecho y reformar su modelo económico, han aplicado mas
recetas de “organismos multilaterales” (Trilaterales?) acentuando vergonzosa
y descaradamentemente aún mas nuestra dependencia.
En
ese marco, es comprensible que las bases del federalismo se resientan y que,
naturalmente (como sucede en la
Patagonia) cobre fuerza la idea de concebir el futuro de una región como un
desafío que, cada vez más, compete a la voluntad de las provincias que la
integran y no a la Nación.
El
reconocimiento de estas tendencias disociadoras (que se desprenden no del actual
sistema federal sino del contenido de la política económica aplicada por
sucesivos gobiernos) no deberá ser omitida a la hora de analizar el proyecto de
dividir el país en cuatro áreas y de transferir a la región resortes claves
de la decisión que hoy tiene en su poder el Estado Nacional.
De
ser así, desde el punto de vista económico, en la Argentina coexistirían
varios (tres o cuatro) proyectos de “Países”, y la Nación, como una unidad
armonizadora del conjunto, cumpliría cada vez más un papel formal. Es decir,
en nombre de la defensa de un federalismo mal entendido se contribuiría a crear
el “andamiaje” que institucionalice la desintegración que la propia política
oficial promueve.
Fuentes
consultadas:
diario
“Hoy”, 14-07-96, páginas 8-9; 15-07-96, páginas 10-11.
Sus principales impulsores

Traidor a la Patria Carlos Saul Menem: "Menem sabe que hacer y puede hacerlo" dice su slogan de campaña 2003, lo que bien puede interpretarse como "Tiene instrucciones y piensa cumplirlas"
Traidor a la Patria, corrupto y coimero Jorge Omar Sobisch: insiste con la regionalización como proyecto político, tratando de despegarse de la imagen Argentina, habiendo afirmado: " ¿Cuanto mejor sería presentar a Estados Unidos las posibilidades de una Patagonia Argentino-Chilena?"...clásico de nuestros políticos, siempre presentándose en Washington.